Martes 21 Mayo 2013

Ruta

Historia de Los Navalucillos

"El que no conoce su historia, toda su vida será un niño."

Cicerón

 

Ubicado en los Montes de Toledo, con unos paisajes dignos de admirar por su belleza, Los Navalucillos es el tercer pueblo de Toledo (España) más grande, en cuanto a superficie se refiere.


Enclavado en la Comarca de la Jara y llevando por bandera ser Cumbre de Cabañeros, este pueblo castellano-manchego goza de un entorno natural privilegiado, en el cual nuestros pulmones se llenarán de salud. Tumbarse en la hierba, pasear a orillas del río Pusa o bien contemplar la cascada de agua (La Chorrera) cayendo desde 15 metros de altura en el Chorro, en pleno monte Rocigalgo, será todo un deleite para nuestros sentidos.

Integrado en la Mancomunidad de Cabañeros, su Ayuntamiento está llevando a cabo una considerable inversión, levantando dos casas rurales, promocionando Rutas Alternativas y suministrando toda la información necesaria a través de la Oficina de Turismo, para que el visitante disfrute de su estancia y se sienta como en su casa.

 

 

Si hacemos un poquito de HISTORIA descubriremos que el pueblo se fundó entre 1142 y 1209, según un documento de Alfonso VIII en el que cita dicho lugar.

 

Los orígenes, en cuanto a vida organizada, delatan por estas tierras el paso de la civilización romana. Posteriormente, los "lucillos" (sarcófagos de piedra) son el legado arqueológico dejado por visigodos y mozárabes. De ahí el nombre de Navalucillos; "nava" proviene de tierra fértil y "lucillos" de los sarcófagos.

En el año 1492 con la expulsión de los judíos, muchos de ellos se asientan en estas tierras dejando como legado algunas costumbres que se conservan hasta el día de hoy, como la de "hacer el sábado", es decir, dedicar este día a la limpieza general de la casa. También nos dejaron los bollos de aceite, el jalbiego de las casas y alguna higuera que otra sembrada en los patios, por aquel entonces denominados "corrales", que por supuesto nada tenían que ver con las pocilgas de los animales.

Entre los siglos XV y XVII Los Navalucillos lidera la comarca con una situación de continúo crecimiento, convirtiéndose así en punto de mira de los movimientos migratorios, sobre todo de la Extremadura más pobre. Los Navalucillos se convierte en la tierra del Aceite, del queso y de la miel.

El momento de mayor explendor de la localidad fue el siglo XVIII cuya unión eclesiástica, lograda por el Cardenal Lorenzana, fue secundada por una unión administrativa de los dos Navalucillos, Navalucillos de Talavera y Navalucillos de Toledo.

 


La localidad vive su momento de gloria en los años 70 contando con una población aproximada de 5.000 habitantes.

En la actualidad, Los Navalucillos intenta retomar aquellos momentos de esplendor, promoviendo actividades orientadas al Turismo Rural.



Pinceladas sobre las diferentes actividades desarrolladas en Los Navalucillos:

En Los Navalucillos se vive fundamentalmente de la agricultura, con grandes extensiones de olivas y cereales. El aceite de oliva que se obtiene en nuestras almazaras es virgen extra y con un sabor especial.

También es importante la ganadería extensiva de cabras y ovejas y la cría de cerdos en ganadería intensiva. En la industria destaca la elaboración de embutidos caseros que gozan de gran renombre y que se pueden adquirir en las carnicerías de la localidad. Se elaboran quesos frescos y curados de exquisito sabor. Se trabaja la madera por carpinteros-artesanos, que se transforma en muebles de los más variados estilos. La industria de la marroquinería lleva muchos años instalada en nuestro pueblo, fabricándose bolsos, cinturones y artículos de piel, de forma artesana. Se elaboran exquisitos dulces también artesanalmente, como bollos, hojuelas, rosquillas, mantecados, etc...

La fábrica de tresillos y tapizados cuenta con clientes por toda la provincia y el hierro adquiere formas artísticas a cargo de manos especialistas. La confección es otro de los trabajos que se desarrollan con la mejor calidad / servicio y que da empleo a una buena parte del sector femenino de la población. Los mármoles y granitos se convierten en bellos pavimentos en la fábrica de mármoles.

En cualquier región de España hay maestros artesanos que con su oficio nos enseñan que hay un arte, el suyo, que pese al tiempo que pase seguirá por siempre vivo. En Los Navalucillos hay varios artesanos: de la forja, de la madera y del barro y es en estos últimos donde nos vamos a detener, ya que en esta localidad tiene gran arraigo el arte de "La Cacharrería".

Hace años, la demanda superaba con creces a la actual debido a que la mayoría de hogares de la localidad tenía como menaje de cocina utensilios moldeados en barro. Tinajas, ollas, cazuelas, cacerolas y sobre todo pucheros de todos los tamaños eran muy sufridos para calentar al calor de la lumbre. Todo el mundo sabe que un buen cocido está mejor si se hace a fuego lento en un recipiente de barro, así que no es de extrañar que los más exquisitos restaurantes vuelvan a ofrecer entre su elaborada carta cocidos individuales cocinados en estos "cacharros".

El arte del alfarero o cacharrero se remonta a los principios de la historia. Las necesidades diarias hicieron de este oficio una profesión que se ha ido transmitiendo de padres a hijos y siempre de manera artesanal. El alfarero perfecciona su técnica con cada pieza que realiza, que bien se puede decir es una pieza única.

Hoy en día, en Los Navalucillos se siguen realizando piezas de "cacharrería" más orientadas a la decoración, que al uso diario. Ceniceros, macetas, huchas, paragüeros, vasos, tinajas, platos, portalápices, pucheros y otras tantas figuritas pasan por ser un recurso socorrido cuando se desea obsequiar a algún conocido con un "Recuerdo de Los Navalucillos" .

Los Navalucillos cuenta con un artesano de excepción en la especialidad de la restauración de relojes, Javier López Martínez, artesano relojero, presta sus servicios en toda España. Su vocación le viene de su padre y abuelo, relojeros de profesión. Hasta la fecha ha realizado diversos trabajos para diversos organismos municipales y espera poder seguir ofreciendo su dedicación, experiencia y profesionalidad durante mucho tiempo.

 

Algunos datos recopilados de la investigación de D. Enrique C. Molina Merchán:

  • A finales del siglo XVI todavía se encontraban osos pardos por nuestras sierras. Hace cien años escasos se abatieron en las Cuatro Calles unos lobos que se atrevieron a penetrar en el pueblo, en medio de una gran nevada.
  • El término municipal de los Navalucillos (355,78 Km2) es el tercero en extensión de la provincia de Toledo, sólo superado por el de Los Yébenes (680 km2) y ligeramente por el de Consuegra (357,2 km2).
  • Por nuestro término municipal discurren 226 cursos de agua, entre mayores, medianos y pequeños. En los últimos años, entre 150 y 170 permanecen secos o casi secos.
  • Muy cerca del caserío navalucillense -por bajo de la ermita de las Saleras- aparecieron monedas del Bajo Imperio Romano (siglos IV-V D.C.).
  • El Hoyo del Encinar era el cementerio de una antiquísima población que los refundadores de Navalucillos, allá por el siglo XII, encontraron ya arruinada, y cuya Iglesia se ubicaba donde, por ese motivo, se colocó la Cruz Blanca.
  • Desde el año 1501, para que un forastero pudiera ser vecino de Navalucillos, se tenía que comprometer a residir en el lugar, preservar el aval de dos vecinos cualificados y pagar una fianza que le era devuelta cuando, pasados nueve años, se le concedía la vecindad definitiva.
  • El terremoto de 1755 secó la llamada Fuente Grande, que surtía de agua a los vecinos de ambos Navalucillos. Fue cegada en 1783, y en 1787 se encañaron hacia la Plaza las aguas de la Fuentecilla. Fue entonces cuando se derribó el gran álamo que, rodeado de un banco circular de piedra de granito, daba nombre a la Plaza principal de Navalucillos.

 

 

 

 

En definitiva:

Visitar Los Navalucillos es viajar a las costumbres de la vida rural, dando un pequeño placer a nuestros sentidos, siendo siempre bienvenid@s, como decía en otros tiempos una olvidada placa a la entrada del pueblo:  "Bienvenido a Los Navalucillos donde nadie es forastero".